¡¡¡¡NOS FUIMOS PAL’ MONTE!!!!
Por Gloria Betancur Garcés.
Abril 2021
Todos hemos escuchado o enunciado el adagio popular: “me provoca coger el monte” “estoy que cojo el monte” (…) Suele expresarse en momentos en que se quiere emprender huida por algo que nos agobia.
Sin embargo, la experiencia de ir al monte, al entrar en contacto con natura, está cargado de innumerables vivencias que despiertan nuestros sentidos y sensibilidad, al insertarnos por caminos agrestes, que van orientando el sendero con señales artesanales, a manera de los cuentos de hadas, con piedras, trazos con tiza o migajas de pan, orientando el camino de los que tienen un caminar más lento. El monte está cargado de múltiples experiencias de libertad, que van liberando tensiones, los diferentes matices de verde, se entretejen con el azul del cielo, siendo un oasis para los sentidos y regocijo para el alma.
Cuando menos lo piensas tu conexión unitaria con natura, es interrumpida por la voz, sonido o expresión de otro caminante, que te contagia con su energía y te invita a sortear obstáculos o resistir, cuando la energía parece agotarse. Aquí el “instante de ver”, te permite reconocer tu límite.
Y es así, como lo que inicia como un deseo de huida, se convierte en una experiencia maravillosa, que amplía nuestro estado de consciencia, siendo posible visibilizar la vida con sus diferentes matices y posibilidades, no, es más, que, un reencuentro consigo mismo y con los otros. “El momento de comprender”, te permite salir del hermetismo, del egocentrismo.
Esto ha sido justo lo que ha sucedido con mi familia, en un momento en que la vida y las experiencias nos desbordan con una alta dosis de angustia e incertidumbre, “Cogimos el monte”. Hemos encontrado allí la posibilidad de encontrarnos cada uno en nuestra esencia y otra forma de, tejer vínculos y habitar el universo.
Ir al monte nos carga de energía, de forma silenciosa y en voz alta, decimos lo logré y miramos con admiración, asombro y entusiasmo la montaña que conquistamos. Lo vivido allí se parece a la vida misma, avanzar, detenerse, respirar y superar lo que creemos imposible de lograr. Al marcar un inicio, no sabemos hasta donde llegaremos, pero siempre será posible culminar, para luego iniciar la próxima huida (…) Nos fuimos pal’ monte.
“El momento de concluir”, nos permite descubrir, que un final, no es más que un nuevo comienzo, un nuevo inicio.